PORQUE MUCHOS PIENSAN QUE AFUERA ESTARÁN MEJOR

In DESTACADO, SOCIEDAD by FM de la Montaña

“Con la pandemia que estamos atravesando, se desnudó en su totalidad y sin tapujos una situación que ha dejado al descubierto la miseria que atraviesan millones de argentinos. Cada tanto y como dice el personaje encarnado por Federico Luppi en la película de 1997 que dirigió Adolfo Aristarain, Martín (Hache), nos muestran la zanahoria como a los burros y salimos detrás de ella, pero no la alcanzamos, es una ilusión y lo que en realidad se pretende es llevarnos hacia el lugar que algunos quieren o simplemente hacernos creer que las cosas cambiarán y serán mejores, pero se nos va la vida y todo es lucha por mantenerse para los que pueden y no hundirse más en el barro para quienes ya hace tiempo perdieron la ilusión de un futuro mejor.

Quien les habla hace años le comentó a sus padres que se iría del país a buscar trabajo en España, “porque acá no da para más, este turco (Menem) hizo mierda todo y los jóvenes no tenemos chance”. Mis padres, eran de los tantos argentinos que habían pasado crisis desde el momento en que nacieron, a fines de la década del 30’. En algunas charlas de sobremesa me señalaban que habían vivido golpes de estado, democracias transitorias, días aciagos con la dictadura del 76 al 83 y que la democracia debía perfeccionarse, crecer, como sucede con cualquier ser humano que atraviesa diferentes etapas hasta llegar a su adultez. Era el 95, 96 es decir que había pasado apenas una década y un par de años desde el retorno a la democracia con la presidencia de Raúl Alfonsín. Los escuché, no me frenaban pero tampoco me alentaban a irme de Argentina. Hoy siendo padre me doy cuenta que uno quiere lo mejor para sus hijos, pero es duro verlos marchar porque no encuentran su lugar en la tierra que nacieron. Eso seguramente les sucedía a mis viejos, no me podían dar una respuesta para convencerme que acá tenía un futuro mejor. Sus miradas, aquello que denotaba cada uno en sus rostros cuando se tocaba el tema de emigrar, eran mucho más que palabras para mí. Me apenaba sentir que sufrían porque a lo mejor me iba; no se dio, estuve a un paso y por esas vueltas de la vida me quedé; no me hubiera despedido de mi viejo que se fue rápido de esta vida y tal vez hubiese sido algo que me quedaría clavado como esas espinas difíciles de sacar de la palma de la mano.

Días atrás, en la edición del 21 de julio, se publicó en el diario La Nación una nota titulada: “¿Irse del país o quedarse? El desvelo de una clase media desilusionada”. Esa nota sintetiza lo que sienten miles y miles de compatriotas, jóvenes y no tanto, que pasan los años y viven los mismos problemas desde hace décadas, que inclusive se van agudizando porque son cada vez más los argentinos pobres y con dificultades, que en muchos casos ni siquiera tienen para comer y dependen absolutamente del estado para mantenerse en pie. Y la democracia lleva cerca de 40 años de corrido, estamos a un paso de las cuatro décadas, digamos que ya es adulta y parece que no aprendimos demasiado porque nos acostumbramos a estar mal, sin poder proyectar y encima naturalizamos –tristemente- como forma de vida el conflicto.

Ahora mi reflexión respecto a si afuera se está mejor. Cuando digo afuera, me refiero a países europeos o el mismo Estados Unidos, u otros estados desarrollados. Soy un convencido que las fronteras son líneas que marcan límites territoriales, pero la vida de la gente siempre que sea en un marco de respeto por el otro y cumpliendo con las obligaciones y derechos del país donde elijamos vivir, no debería tener nacionalidad. Para ser más preciso, si en mi pueblo o barrio convivo con gente de diferentes puntos del planeta y todos comprendemos que debemos respetarnos, cumplir con la ley y al mismo tiempo gozar de los derechos que nos brinda el territorio elegido para residir, no debería generar conflicto de donde soy o de donde es quien me rodea, por lo tanto vivir en la legalidad o ilegalidad fuera de mi lugar de origen es una cuestión de las normas del país que elegimos para vivir, no de las personas que llegan al mismo, que en su mayoría no tienen intención de estar al margen de la ley, sino todo lo contrario.

Muchos les dicen a sus seres queridos: “pero como te vas a ir sin papeles, vas a sufrir, te va a costar, no es tu patria, el idioma es diferente, las costumbres son otras, no sabes lo que es la comida, allá no se juntan, no te dan pelota, no comparten como nosotros”. Para encontrar aspectos negativos, basta un ratito, pero alguien fríamente piensa y se pone en los zapatos de nuestros jóvenes (y no tanto) que deciden emigrar, porque lo hacen en vez de cuestionarlos. Tomar una decisión semejante no se realiza cuando estas cómodo en un sitio, sino todo lo contrario. He charlado con gente que se fue hace años y te confiesa que ese viaje de 10 ó 12 horas cruzando el mar se realiza con un nudo en la garganta y mucha angustia; te vas por un futuro mejor, pero atrás se deja mucho, en especial los afectos.

Es duro, pero si uno mira el recorrido que realizó en su vida, aquellos que son muy mayores u otros que ya no somos jovencitos, hemos atravesado un sinnúmero de dificultades, contratiempos y momentos de inestabilidad laboral, económica y la peor de todas que atenta contra nuestra salud y es por la suma de todo lo que padecemos: problemas emocionales y psicológicos. No es fácil la vida, seguro que tampoco irse a un país diferente al nuestro, pero si hay un lugar que pasa factura es Argentina, por eso no es que otros viven perfecto,  sino que nosotros no vivimos bien. Porque si uno está en una situación estable, siempre habrá alguien de la familia o de nuestro entorno que tiene problemas, es un clásico y se sufre excepto que a uno no le interese nada lo que le pasa al otro, que por suerte seguramente son pocas personas.

Mientras tanto, sumamos contagiados de Covid, continuamos aprendiendo a la fuerza de economía para vivir o sobrevivir, los comerciantes hacen malabares y no en un semáforo; los pequeños y medianos empresarios se endeudan sin avizorar un futuro con trabajo; los impuestos se siguen sumando en un país donde pagamos por todo y las rutas están hechas pomada, los espacios públicos no se disfrutan, falta infraestructura de todo tipo, la inseguridad es parte de nuestras vidas y el laburo escasea. Por eso, cuando alguien plantea que se quiere ir y le recordamos que la pandemia también afectó a países que están mejor que nosotros, es cierto, es razonable lo que le transmitimos.

Pero no confundamos, muchas naciones atraviesan esta desconocida realidad como todo el mundo, aprendiendo sobre la marcha de los acontecimientos, pero acá mientras hay ciudadanos que padecen todo tipo de vicisitudes y no son producto sólo del Covid 19, otros presentan proyectos para añadir miembros a la Corte Suprema, máximo estamento de una justicia que con las excepciones del caso, viene siendo deplorable en su actuar e independencia, por lo que al pueblo esto no le cambiará nada de fondo. Sabemos que hay otras intenciones.

Acá son múltiples las generaciones que vienen sufriendo la pandemia de falta de oportunidades y nos hemos acostumbrado a mantener la ilusión que algún día cambiará pero irremediablemente caemos en la trampa del burro que persigue la zanahoria; mientras tanto referentes importantes de la política nacional van a contramano de las necesidades reales de los ciudadanos, ya que por más que se esfuercen en transmitir que entienden las necesidades del pueblo, nada de sus actos condicen con lo que expresan. Encontrar trabajo más que un derecho es un milagro, vivir con el bolsillo flaco y rogando que se termine el mes es algo normal. Y esta pandemia hasta ahora no encontró vacuna y uno sueña con el descubrimiento”

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Pablo Matilla nació en General Pico, donde cursó sus estudios primarios y secundarios. Luego vivió en la ciudad de Córdoba donde se recibió de Técnico en Comunicación Social en la Escuela de Ciencias de la Comunicación, de la Universidad Nacional de Córdoba. Hizo pasantías en radios cordobesas y en el área de deportes de La Voz del Interior. A su retorno a La Pampa trabajó en radio LU37 siguiendo la campaña de Liga Nacional de Básquet de Independiente y Pico Fútbol Club y en un diario familiar fundado en 1923: La Reforma. Se radicó en San Martin de los Andes con su esposa en 1999, trabajó en radio, hizo colaboraciones para medios digitales y diarios regionales, como así también para medios nacionales. Actualmente trabaja en el Hospital de San Martin de los Andes desde hace 17 años. Durante muchos años en áreas de atención al público y administrativas; desde hace 3 años en que se creó el cargo a nivel de Salud Provincial se desempeña en comunicación y prensa del mismo hospital.

Desde hace cinco años es relator en la Transmisión del Tetratlon de Chapelco y actualmente conduce el programa MODO VIERNES en FM de la Montaña. Todos los Viernes de 17 a 19hs por el 105.1 en San Martin de los Andes

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