EDITORIAL: “MURIÓ EL MITO”

In SOCIEDAD by FM de la Montaña

“Un mito remite a relatos donde abundan hechos fantásticos y personajes fabulosos, que eran utilizados por los pueblos antiguos, por caso los griegos, para poder explicar fenómenos que no tenían una comprensión racional, por eso eran dioses, semidioses, héroes o simplemente seres con poderes sobrenaturales. En un país donde el fútbol es sinónimo de pasión, encuentro, rivalidad, disputa, fanatismo, unión, desunión y tantísimos adjetivos más, se nos acaba de ir ese mito llamado Diego Armando Maradona. El fue todo lo bueno y lo malo que tenemos los seres humanos pero exacerbado, porque vivió como se le cantó y se quedó sin cuerda, se apagó durmiendo; fue el mejor futbolista de la historia pero en la misma escala  el más autodestructivo y polémico.

Todos sabíamos que Diego venía acercándose a su final, el era como un Poseidón para la Grecia Antigua y para nosotros fue nuestro dios pagano, al que insultábamos cuando decía las barbaridades que solía decir, se abrazaba con algún personaje impresentable o negaba sus múltiples hijos; los parámetros de aquello que está bien o mal desde el punto de vista ético y moral era lo que ponía en tela de juicio su personalidad todo el tiempo. Pero él no fue ni más ni menos que muchas personas, pero con una diferencia: la fama y exposición lo pusieron en una vidriera de la que aún queriendo alejarse  nunca pudo salir. Fue víctima de él mismo, porque era un mito viviente y eso tiene un costo difícil de sobrellevar. Ni siquiera con su cuerpo inerte lo dejaron tranquilo, como aquellos cazadores que se sacan una foto con su presa muerta, así apareció un empleado (ya despedido) de la funeraria.

Pero por qué Maradona despertó tanta idolatría, tanto apasionamiento y tristeza en su despedida en millones de argentinos. Hay cosas que no tienen respuestas desde la lógica y el raciocinio, creo que este tipo de personajes marcan un momento histórico de un país, en este caso Argentina, y encarnan las mayores alegrías y frustraciones de la sociedad. Son una síntesis de todo lo que queremos ser pero también de lo que no debemos ser. Maradona es Argentina; Argentina es Maradona.

Salió de abajo, pero de muy abajo y por su talento deportivo se convirtió rápidamente en un crack. Cuentan que cuando a principios de los 70 entraba al estadio de Argentinos Juniors en el entretiempo para hacer jueguitos con sólo  12 años, se quedaban asombrados hasta los propios jugadores de primera, división en la que debutó con sólo 16 años para comenzar una carrera extraordinaria. Y cuando comenzó a ganar sus primeros sueldos se encargó de ayudar a su familia. A su amada Tota y a Don Chitoro, como llamaban los cercanos a su papá, y al resto de sus hermanos y hermanas. Para las miles de familias humildes de nuestro país y en especial aquellas que viven en la extrema pobreza de las grandes ciudades, “Pelusa” fue su Dios porque no olvidó de donde salió, no negó al barrio ni a sus amigos de toda la vida. “El Diego”  en los sectores marginados, en los que no llegan las cámaras todo el tiempo y si lo hace la política en tiempos electorales, ahí tenía millones de seguidores incondicionales.

Cuando se convirtió en el talento futbolístico que empezamos a ver a fines de la década del 70, comenzó a conquistar cada vez más gente y de todos los estratos sociales. Todos querían ver a ese joven que hacía cosas imposibles para el resto de los humanos dentro de un campo de juego. Donde jugara Argentinos o Boca era Maradona y luego el resto del equipo. Empezó a ser una figura pública y a pesar de mantenerse junto a su novia de toda la vida “La Claudia”, quien más tarde fue su mujer, ganó  fama de mujeriego empedernido, pícaro, amigo de sus amigos, soberbio, calentón, humilde, sensible. Diego era todo eso que les dije y seguramente más, en un solo ser un poco de cada argentino pero con la particularidad que fue un personaje que trascendió las fronteras, fue el embajador itinerante que ningún presidente designó y que él tampoco decidió serlo; la prensa, el mundo lo eligió como tal. Tras su paso por Boca se fue a Barcelona y aquella seria lesión que le produjo una tremenda patada de un jugador del Bilbao, se dice que fue la puerta de entrada a una vida de excesos que nunca pudo dejar, sino que controlaba para poder jugar en plenitud, para luego volver a recaer.

En el Napoli logró el título y para la postergada ciudad del sur italiano se convirtió literalmente en Dios. Allí hizo todo lo que está bien dentro de la cancha y aquello que no corresponde fuera de ella.  Los millones ganados, la exposición, más un entorno inadecuado, como sucedió muchas veces, fueron un cóctel que no pudo o no supo manejar. Los excesos eran moneda corriente y retornó al país tras su paso por el Sevilla donde ya no fue el que había ganado la copa con los juveniles en Japón y deslumbró al mundo. Tampoco la figura superlativa de la Argentina campeona del 86, ni la manija del subcampeón en Italia 90. Comenzó una caída que se acentuó luego del amargo mundial de 1994 donde en un control de doping dio positivo de efedrina. Todos sabíamos que era un adicto pero mirábamos al costado, porque era un superhéroe y ellos tienen siempre un as en la manga para salir de cualquier dificultad. Aquel 25 de junio luego de jugar frente a Nigeria el que fue su último partido con la camiseta nacional, se iniciaría una caída libre que con altibajos duraría más de dos décadas.

De ahí en más viene una segunda parte en su vida. El Maradona no jugador profesional, aquel que se internó en Cuba luego de estar casi muerto en Punta del Este. El que no podía hilvanar frases coherentes salvo en contadas ocasiones, el que se abrazaba con un dictador como con un presidente democrático sin distinguir lo bueno, lo malo y lo feo de sus actos. En el medio siempre rodeado de escándalos y de nuevas mujeres e hijos; cambiando entornos, con nuevos amigos entre comillas. Así vivió, así aguantó su cuerpo y salvo aquel paso por la selección que dirigió en Sudáfrica donde se lo observó con una lucidez inhabitual, su declive fue notable.

Quien lo vio en su cumpleaños número 60 en la cancha del lobo platense hace poco menos de un mes donde permaneció sólo unos minutos, poco antes de la neurocirugía de urgencia que debieron realizarle, observó a un viejito, a una persona triste, angustiada y deprimida, no se veía a alguien que esté disfrutando de su presente, no estaba bien.

Por qué Maradona fue lo que fue para muchos, que inclusive tenemos reservas porque moralmente estaba en las antípodas de nuestra forma de ver la vida, simplemente porque regaló magia, talento y defendió a su país con uñas y dientes, dentro y fuera de la cancha. Simbolizó como un pibe pobre puede ser todo y nada en las diferentes facetas que nos presenta la vida. Argentina siempre vivió ciclos de altos y bajos, igual que Maradona. Por eso tanta gente se identifica con él, porque el sintetiza todo lo bueno y malo de nuestro país.

Como no podía ser de otra manera el ídolo de tantos fue despedido en medio de tumultos, cánticos, piedrazos, descontrol y llantos; con títulos en letra roja vinculados a quién tenía permitido entrar y quien no a su despedida en la Casa Rosada. Eso que vimos en la mañana y parte de la tarde de ayer, eso fue Diego Armando Maradona: una montaña rusa de sentimientos. No imaginé otras conductas en su despedida, no fue un estadista, ni Favaloro, ni se puso como ejemplo de nada, siempre remarcó que fuera de la cancha era un problema nuestro como se lo juzgaba.

Como señalé en una red social: Diego no te pido explicaciones por todas las cagadas que hiciste, a mí no me las debes. Le pegaste una paliza a tu cuerpo que sólo podría haber aguantado sesenta años una persona como vos. En una Argentina donde los políticos y gobernantes dan más sinsabores que alegrías, con la magia de tus pies nos regalaste muchas emociones. Tu vida nunca fue muy privada, pero era tuya, no me interesaba; a muchos sí, se han quedado sin ese gran negocio que generaste durante casi toda tu vida. Que descanses en paz, fuiste y serás el mejor futbolista que vi y el que le sacó más lágrimas de emoción y sonrisas a los argentinos.”

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Pablo Matilla nació en General Pico, donde cursó sus estudios primarios y secundarios. Luego vivió en la ciudad de Córdoba donde se recibió de Técnico en Comunicación Social en la Escuela de Ciencias de la Comunicación, de la Universidad Nacional de Córdoba. Hizo pasantías en radios cordobesas y en el área de deportes de La Voz del Interior. A su retorno a La Pampa trabajó en radio LU37 siguiendo la campaña de Liga Nacional de Básquet de Independiente y Pico Fútbol Club y en un diario familiar fundado en 1923: La Reforma. Se radicó en San Martín de los Andes con su esposa en 1999, trabajó en radio, hizo colaboraciones para medios digitales y diarios regionales, como así también para medios nacionales. Actualmente trabaja en el Hospital de San Martín de los Andes desde hace 17 años. Durante muchos años en áreas de atención al público y administrativas; desde hace 3 años en que se creó el cargo a nivel de Salud Provincial se desempeña en comunicación y prensa del mismo hospital.

Desde hace cinco años es relator en la Transmisión del Tetratlon de Chapelco y actualmente conduce el programa MODO VIERNES en FM de la Montaña. Todos los Viernes de 17 a 19hs por el 105.1 en San Martín de los Andes

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