EDITORIAL: “NECESITAMOS UN ACUERDO”

In SOCIEDAD by FM de la Montaña

“Falta por definición es ausencia de, puede ser de muchas cosas: falta de cariño, falta de comida, falta de ortografía, falta de respeto y las que le surjan en su mente. Una de las cosas que está presente entre los argentinos desde hace demasiado tiempo es una falta de acuerdo en temas esenciales, que nos permitan sino vivir mejor, ser más dignos con quien nos rodea aunque necesariamente no piense igual a nosotros, inclusive en los ideológico partidario, pensando en aquellos que todo los subjetivizan sin apartarse de dogmas y pensamientos que pretenden ser únicos, no respetando que es mucha la gente que puede pensar diferente y no por eso es enemiga o una mala persona.
Desde hace mucho tiempo esta forma de ver las cosas en blanco o negro, sin ponerse en los zapatos de quien argumenta diferente o piensa otra cosa, nos lleva a discutir y hasta pelear por nimiedades, pero también por cuestiones profundas y otras que pueden afectar a unos y no a otros y viceversa.
Por qué inicio esta columna como decidí hacerlo, porque pienso que debemos comprender lo que se está viviendo estos días y ponerse en los zapatos de quien atraviesa una situación desesperante con un familiar o amigo, y diría más, intentar tomar el lugar de los profesionales que están muy preocupados con el aumento de los casos graves y moderados de Covid en gente sin factores de riesgo y muy joven; esto no es invento, ni un golpe bajo, es muy duro -dicho por un trabajador de la salud-, como se deteriora progresivamente una persona que hasta días atrás era sana; entonces llama la atención como en las redes sociales se “matan”, obviamente en forma figurada, con comentarios duros y hasta irrespetuosos entre vecinos y vecinas que pueden tener posiciones diferentes, pero no dudo que todos deben coincidir en que la vida de un ser querido está por encima de todo, inclusive añado: la vida de un miembro de la comunidad es más importante que mis propios intereses comerciales o una medida que pudiese frenar un poco la marcha de un emprendimiento, y con esto no digo que se debe cerrar todo, pero si es necesario por recomendación sanitaria ciertas restricciones, las autoridades deberán tomar medidas, aunque haya a quien le moleste, porque a esta altura entiendo que es evidente que con recomendaciones y consejos no alcanza.
Por otra parte, si nos señalan desde Salud con estadísticas que las camas de terapia no estarían alcanzando y hasta se reconoce que una paciente de Villa la Angostura murió antes de ocupar un lugar en una Unidad de Terapia Intensiva, debemos comprender que algo está pasando y si no se frena de alguna manera y no alcanza con la apelación permanente a la responsabilidad, por ahí es momento no de encerrarnos, pero sí de juntarse todas las partes: representantes del Estado, de entidades intermedias y quienes hacen a la vida de nuestro pueblo, para buscar mediante el diálogo un punto de equilibrio, un acuerdo, eso que tanto nos cuesta a los argentinos, donde se escuche a cada uno para tomar una decisión conjunta. Es fácil, seguro que no, pero si no se empieza por algo nunca será posible. La mesa tiene que ser grande y la humildad aún mayor, porque una de las cosas que nos llevan todo el tiempo a enfrentamientos con o sin pandemia es el creernos, según el lugar que nos toca ocupar, que nuestras verdades son las más importantes y el resto no cuenta. Así nos va.
Esto que es una opinión, entiendo que no es “administrar libertades” como dijo el presidente del Concejo Deliberante, Sergio Winkelman, sino buscar un punto de encuentro más amplio que el que pueden ocupar nuestros representantes políticos, en el que además muchos ciudadanos y ciudadanas han perdido la confianza, por la propia sinergia de los acontecimientos que sumado a un país que no estaba bien antes de la pandemia, ahora sucumbe ante cualquier situación, porque si Argentina fuera un paciente, no hay dudas que es de alto riesgo y cualquier problema lo deja muy mal parado ante la adversidad.
Dejo para el final un párrafo para la responsabilidad que tenemos con nuestros hijos, algunos ya mayores de edad pero que comparten el techo con su familia. Hay que hablar, explicar que esto no es broma, que esta enfermedad de acuerdo a nuestra suerte, a como estemos el día que nos contagiamos, a la respuesta de nuestro organismo, puede que lo transitemos como una gripe leve, pero si se complica y deriva en una neumonía bilateral hay que prender velas para que las cosas no se agraven. No es volverlos locos, es hablar con la verdad y hacerles comprender que en algún momento fueron nuestros mayores los más afectados, hoy ya son padres de los propios adolescentes y niños. Como la guerra, un día la bomba o las esquirlas afectan a una ciudad lejana, al otro día a un barrio cercano, hasta que llegue el momento que toque tu casa y a tus seres queridos. Con esta peste nadie está exento que algo le suceda.”

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